LA RESTAURACIÓN NECESARIA

A través del devenir de la historia, desde el inicio de nuestra existencia como especie, la humanidad debió hacer frente a numerosas amenazas, desafíos y peligros en cada época, que amenazaban su existencia de distintas formas, según la época histórica que se transitaba en cada período histórico. Siempre hemos tenido de una forma u otra la maravillosa oportunidad de ser protagonistas activos de nuestro tiempo, transformando la realidad, cambiando el curso de los acontecimientos, intentando siempre hacer de nuestra existencia un lugar mejor. Nos encontramos en una encrucijada histórica sin precedentes, un momento límite y determinante de nuestro futuro; en este escenario es en el que nos toca a nosotros, en este inicio del siglo XXI, ser protagonistas. Y esto  implica un maravilloso desafío, pero también una enorme responsabilidad. Nos encontramos insertos en un mundo globalizado, empecinado en alcanzar la uniformidad global  donde los Estados Nacionales vienen siendo progresivamente absorbidos en su soberanía y sus tradiciones histórica por una economía y una cultura global, con un escenario mundial que impone y procura por todos los medios establecer una moral y un discurso con pretensión universal, un nuevo statu quo global, al servicio de grandes corporaciones multinacionales impregnadas de un discurso moral neomarxista, que tiene como propósito ignorar y trascender las fronteras de los Estados Nacionales, único obstáculo existente hoy día entre los países (vistos hoy como simples mercados) y el nuevo proyecto progresista para occidente,  representando una gravísima amenaza neoimperialista a nuestra identidad, a nuestra soberanía y a nuestros valores históricos, los que nos constituyen como uruguayos; una amenaza a la familia, a las libertades individuales, máxime teniendo presente que la cultura que pretende imponérsenos desde el exterior pretende atacar la esencia misma del orden natural.  Hoy cada vez más es posible visualizar en Occidente no ya una derecha y una izquierda propia y característica de cada Estado, con agenda y objetivos propios, sino que asistimos a la formación y consolidación de un discurso y una ideología  de izquierda que comienza a aunar esfuerzos para cuestionar y poner en discusión los mismos temas y problemas en todos los países occidentales, empezando a filtrarse lentamente pero a paso firme, incluso en la agenda política de los países de medio y lejano oriente. Del mismo modo, y al mismo tiempo, asistimos a problemas ambientales inéditos, graves, urgentes y globales que son el resultado de 200 años de Revolución Industrial, con problemas de superpoblación y el desarrollo de nuevos riesgos derivados de las nuevas tecnologías que impactan sobre el medioambiente,  que ya no reconocen hoy en día las fronteras de nuestros  Estados, y que significan una inminente y gravísima amenaza a nuestra supervivencia y nuestro futuro como especie.

Nos enfrentamos a una “batalla cultural” impulsada y promovida por la nueva izquierda global, que tras la caída del muro de Berlín y la constatación de que la “lucha proletaria” ya no tenía razón de ser en una sociedad que brindaba a los obreros un sinfín de comodidades al alcance de su mano, se vio obligada a abrazarse a nuevas banderas para justificar su existencia: aquellos sectores que en el último siglo empezaban a cuestionar y a criticar al sistema y a la cultura occidental: las mujeres y el feminismo mal entendido, los homosexuales, los pueblos originarios de América Latina, el denominado “ecofeminismo” extraña rama del ecologismo puesto junto al servicio de la izquierda global, todo en el marco de lo que ha dado en llamarse por sus promotores la “Agenda de Derechos” fundada en una especie de corriente de pensamiento que en el campo filosófico, jurídico y político se ha denominado “derechohumanismo” denominación que pretende abrogarse el rótulo de corriente filosófica y de pensamiento que procura justificar las ideas “progresistas” en base al “respeto y fortalecimiento de los derechos humanos”.

En definitiva, la estrategia de la izquierda global y sus poderosas corporaciones aliadas, es la de instaurar a través de los gobiernos de izquierda que subsisten en el poder, las ONGs que trabajan a su servicio y los medios masivos de comunicación, un discurso ético y moral fundado en la “diversidad” la “no discriminación” y el “combate al machismo patriarcal” que corroa los pilares mismos sobre los que se sostiene la cohesión y la integración de nuestra sociedad: la familia y la religión, para progresivamente,  mediante un trabajo sistemático y periódico de desinformación y manipulación de las noticias a través de la prensa escrita y televisiva, desmantelar la estructura social, estableciendo en su lugar un nuevo orden mundial, que responda a los intereses de esta nueva izquierda globalizadora y con aspiraciones absolutas. Esta izquierda neomarxista, que entendió que el discurso tradicional de Marx que afirmaba que modificando las condiciones económicas (infraestructura) se podía modificar la superestructura (política, derecho, cultura, religión, ética y moral) había fracasado, y la tan añorada revolución solo podía darse si la batalla se libraba no en forma violenta a través de un concepto de lucha de clases, enfrentando a obreros con burgueses, sino de otra forma, y con otro frente de batalla: atacando en forma frontal y directa las bases morales en las que se encuentra asentada la sociedad, procurando primero cuestionarla, luego desestabilizarla y finalmente desmantelarla, atacando dos ejes centrales, sobre los que se apoya y sostienen los valores y la moral histórica de occidente: la RELIGIÓN y la FAMILIA.

Es así que en este ataque sistemático financiado por las grandes corporaciones internacionales aliadas a la causa de la izquierda global hay un enfoque premeditado y planeado por los ideólogos del género, en vulnerar, castigar, acorralar y desmantelar progresivamente a la familia tradicional, base de nuestra sociedad, esa institución donde se aprenden las jerarquías, los valores y la moral de la sociedad occidental, y del mismo modo y con la misma saña, atacar a la religión cristiana, acusando a ambas de estar al servicio del “patriarcado heterosexual” y de no permitir a la sociedad “avanzar y progresar”.

Este peligroso y nocivo discurso, que nos bombardea a diario a través de los medios de comunicación se ha filtrado y ya se ha instalado en nuestra agenda política y social de forma muy fuerte, al igual que en la mayor parte de los países latinoamericanos, ocasionando un daño profundo e irreversible a nuestra nación, utilizando como estrategia generar división y conflicto y enfrentamiento entre la población, invocando una verdad única, “progresista” “diversa” “de avanzada” en contra del “machismo” la “discriminación” y el “patriarcado” acusando de “retrograda” “fascista” o “conservador” a todo aquel que disienta con esta ideología importada, que no solo para justificarse debe resolver contradicciones insalvables en su discurso, sino que atenta y va en contra del mismísimo orden natural, con el peligro inimaginable que una ideología de estas puede generar en nuestra sociedad. Pero esta colonización ideológica recién está en sus albores, y el daño que la Ideología de Género puede llegar a provocar en nuestra población es mucho mayor del que ahora podemos imaginar, en esta etapa evolutiva inicial de la “identidad proyecto” que ha traído la izquierda con el claro propósito de convertirla en una identidad legitimadora, y que estamos dejando entrar con ingenuo beneplácito.

Es por eso que es fundamental tomar conciencia de que el principal cambio que debe producirse a partir del próximo primero de marzo, no es económico, no es financiero… DEBE SER CULTURAL Y EDUCATIVO. El enemigo a enfrentar para poder salir del pozo en el que nos encontramos, está en todos los operadores de la Ideología de Género y los medios puestos a su servicio, en los parlamentarios que aprueban leyes que responden a la “Agenda de Derechos” progresista y en la ignorancia de la población, que alegremente consume el argumento de la “igualdad” y la “diversidad” sin comprender que es lo que realmente se está instalando en nuestro país con interés de quedarse. Para que el cambio de signo político tenga algún sentido, es preciso que nos ayude a escapar de la ideología imperialista de izquierda. Es obligación de todos los uruguayos no quedarnos fuera de este debate, que lejos de ser intrascendente, está entre las prioridades del programa de izquierda, y definirá el país que tendremos no ya en el mediano, sino en el corto plazo, dada la agresividad y la recurrencia con la que esta ideología pretende imponerse en todos los ámbitos de la sociedad. Es preciso que los orientales nos plantemos firmes, en defensa de la familia, los valores y nuestra identidad, antes que sea demasiado tarde.

JUAN PABLO ALONSO CABRIS

Escribano Público – Abogado

Cabildo Abierto. Manini-Carsín Lista 11820

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