Con el agua al cuello: Vecinos inundaron a Intendente Falero con reclamos de soluciones por desbordes del río

Por Pablo Fernández Acheriteguy

Era previsible que la reunión de las familias que provienen de zonas inundables con el Intendente José Luis Falero, no iba a transcurrir en buenos términos, y mucho menos podría llegar a buen final. Tensión, subidas de tono, excusas y explicaciones, fueron los tópicos que trascendieron. Las familias, con una postura alterada por la necesidad de encontrar soluciones paliativas y otra postura, la de Falero, plagada de excusas, irremediablemente condicionada por los tiempos electorales. Unos buscando soluciones ya y otros pateando para delante.  El Intendente Falero y su diputado Bacigalupe, recibiendo a vecinos cansados de sufrir los embates de la naturaleza y la inoperancia. Falero esquivando responsabilidades, aduciendo que esperará un estudio técnico y los vecinos exigiendo que se inicie con el dragado del río San José. Como si todo fuera tan simple como Intervenir sobre el río – dragándolo – o sacar las familias de esas zonas, alojándolas en otros puntos. Mover el río o mover las familias, pero las responsabilidades existen y son inocultables, inamovibles. Mover lo que sea, menos las acciones y costumbres que deben ser controladas por la propia Intendencia. Como ya es natural en Falero, se ofusca cuando se le confronta con argumentos; así se ofuscó con los vecinos, pero fue por lana y salió esquilado. Falero pretende dilatar el accionar de la Intendencia, en las conclusiones de un estudio técnico. En realidad Falero no tiene porqué esperar nada, ya tiene la intendencia muchas cosas para hacer que tienen fuerte impacto en los desbordes del río. La Intendencia debería controlar y prohibir los rellenos de terrenos en esas zonas. Para ello no se necesita ningún informe técnico; si se sigue rellenando, cada desborde llegará más lejos. Sin embargo, la propia intendencia protagoniza, desarrolla y habilita el relleno de terrenos en esos barrios inundables. Así el agua llega cada vez a nuevos lugares. Mientras esa tensa reunión se desarrollaba en el despacho del Intendente, en un barrio junto al río, maquinaria del propio Gobierno que dirige Falero, estaban trabajando en el relleno y acondicionamiento de un amplio predio. Falero pretendió defenderse hablando de las obras de cordón cuenta en esos barrios. En mal momento eligió ese argumento, pues lo propios vecinos se han dado cuanto de que el trabajo realizado hasta ahora difícilmente solucione  el problema, sino que por el contrario lo agravará. La obra de cordón cuneta en algunos puntos se encuentra más de un metro por debajo del nivel de calle, lo que quiere decir que al bajar la altura del pavimento, más riesgo correrán las propiedades en ser anegadas o asiladas por los desbordes. En la reunión los vecinos  se lo dijeron en la cara y Falero se volvió a ofuscar, cegado por su propia falta de argumentos.

El problema no es el río, el problema no es la población que vive en esos barrios, el problema es la absoluta  falta de compromiso de los sucesivos gobiernos departamentales en desarrollar planes para evitar el impacto del desborde del río. El problema es lavarse las mano y justificarse en la falta de políticas nacionales, sino que el problema es de quienes gobiernan en el territorio e impiden los rellenos; el problema es una sistema de limpieza que no logra controlar los vertidos de residuos al río; el problema no es la gente, sino que el problema es un Estado ausente, ignorante e incapaz, de hacer cumplir la normativa vigente.

Cada inundación es peor en su impacto, sin importar cuál es el volumen de agua caída. Se hacer un Plan de Ordenamiento Territorial de muy endeble eficacia; pero al mismo tiempo que se aprueba ese plan, la propia Intendencia rellena terrenos privados en zona inundable. En tiempos de fuerte impacto de los desbordes que provocan el hartazgo de la gente, la Intendencia promete plazoletas de hormigón que lejos de mitigar los desbordes , los agravarán.  El problema no es el río, sino la nefasta forma de relacionarnos con él que hemos tenido históricamente. El problema no es la gente que vive en las márgenes del río, sino la incomprensión de no buscar una convivencia armónica entre la naturaleza y las actividades humanas. El problema no es que se terminé un estudio académico, el problema que ni siquiera se presta atención al sentido común. El mayor problema no es la falta de políticas estatales serias, sino que el mayor problema es el gobierno de la crónica improvisación.  El problema no es la política, sino la politiquería.

A veces da la impresión que para la clase política la mejor solución sería cambiar el curso del río para alejarlo de la planta urbana y construir cientos de viviendas para alejar a las gente del agua. El problema que en San José, no hemos aprendido en 200 años que estamos aquí por el río pero nunca buscamos convivir con él. Se planificó un estadio de Baby Futbol y fuimos a construirlo adentro del Parque Rodó en vez de ubicarlo en el barrio Roberto mariano. Planificamos un Polideportivo y piensan construirlo en el cruce de dos avenidas, cerca del Parque Rodó; pero no pensaron el construirlo en Picada de las Tunas. También se promete un Teatro de Verano para construirlo en la parquización del Mallada, en vez de llevarlo a la zona inundable cerca del Puente Carretero. Cada una de estas obras, de construirse en zonas inundables, revalorizarían esas zonas, dotándolas de calles en condiciones para garantizar el acceso a esos escenarios, pero también llevaría alumbrado, cordones y desagües correctamente diseñados.

La intendencia no tiene que esperar ningún estudio técnico para empezar a hacer  cosas que mitiguen las inundaciones. Bienvenido sea cuando la universidad termine su trabajo, pero hay mucho para hacer, mucho que e tendría que haber hecho; primero que anda gobernar sobre esas zonas y evitar que los vivos de siempre, los especuladores de siempre, sigan jugando con la miseria ajena. A Intendencia tendría que dotar esos barrios con la mayor iluminación, con el mejor sistema de recolección de residuos, las mejores calles, en fin, la mejor infraestructura pública. Ese tipo de acciones propia y excluyentes de la Intendencia, deben ser el eje de acción y su principal preocupación. Es cuestión de prioridades, es cuestión de sensibilidades.

Cada vez que llueve miles de personas viven la angustia del inminente desborde del río. Otros, con una buena carga de hipocresía empiezan a organizar las campañas de donaciones. Así todos vivimos con el agua al cuello; unos al ver inundados sus hogares, otros por ver naufragar sus promesas. Todos con el agua al cuello; unos esperando que el río baje para secar sus pertenencias; otros esperando que el río baje para volver a ensayar promesas  de soluciones, hasta que vuelva la lluvia. Los primeros dejarán de tener el agua al cuello, los otros viven con el agua al cuello, amenazados de ahogarse en sus propias mentiras… mientras el río sigue su curso.

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