Consumiendo el nuevo siglo: verdad y ética como escudos ciudadanos contra la demagogia y la corrupción

Por Pablo Fernández Acheriteguy

Para muchos de nosotros, hace algunas décadas atrás, pensar en el año 2000 era hacer un ejercicio formidable de futurología; tal era la lejanía que se percibía que ni siquiera considerábamos que aquello representaría entrar en el Siglo 21. Ahora ya no solo entramos en un nuevo siglo, sino también en un nuevo milenio y para colmo, ya nos devoramos dos décadas completas y abrimos el futuro al tercer decenio. Llegó el 2020 y es tiempo de empezar a considerar la nueva época que nos toca forjar.

Aquel futuro soñado llegó y nos pasó por arriba; nos invadió y nos ahogó. La tecnología ha sido la vedette de la evolución y la más grande revolución de estos tiempos. El más evidente desarrollo de tecnología, es inocultablemente en la comunicación. En apenas un siglo saltamos de la primigenia radio en armatoste como un producto exclusivo de algunas familias adineradas hasta tener un minúsculo aparato transmisor y receptor audiovisual – en vivo y en directo – para cada ciudadano. La comunicación se masificó, y con ella la transmisión de conocimiento o el flujo de información. Eso permitió potenciar el intercambio cultural y con ello el desarrollo explosivo en todas las áreas imaginables de actividad humana.

La humanidad accedió a mejores herramientas para de su desarrollo y así también sus comunidades han evolucionado radicalmente. Así, en las últimas décadas, las ciudades se comenzaron a percibir de manera diferente, así como su interconexión y su crecimiento ordenado. Cambiamos todos individualmente, cambiamos todos como ciudadanos, cambiaron las ciudades, y por supuesto cambiaron los gobiernos. Ni mejor, ni peor, distinto; todo cambió.

En este desenfreno de cambios constantes y continuos ensayos de adaptación en el que estamos sumergidos, se hace necesario reflexionar.  La calidad de la información es crucial para poder tomar decisiones y adoptar posturas. No se trata de cantidad, sino de calidad. La calidad de la información que consideremos es lo que permitirá definiciones sólidas. Si partimos de errores o mentiras, es improbable que nuestras decisiones sean correctas; multiplicaremos el error o validaremos la mentira.

Cada día convivimos con miles de afirmaciones equivocadas o falsas; debemos aprender a detectarlas, denunciarlas y descartarlas. En materia de comunicación, a lo largo de la historia, hemos convivido con muchas falsedades que se siguen repitiendo a pesar de haber confirmado su falta de fundamento. Hace décadas atrás se escuchó que la televisión  terminaría con la radio y mucho tiempo antes había dicho que la imprenta acabaría con el diálogo entre las personas. Ni la radio murió por la “caja boba”, ni la impresión de palabras finiquitó las charlas cara a cara. La comunicación escrita ha sobrevivido miles de años, aunque siempre han existido anuncios de su final. Actualmente se repite como una letanía que “la gente lee menos”, cuando todo indica que es justamente al revés. Hoy en día la población del mundo lee como nunca antes en la historia había ocurrido. Se lee y se lee muchísimo más que en cualquier otro momento de la historia humana. Sin embargo, es sencillo escuchar – o leer – que “la gente lee menos” o “lee poco”. Falso. Al mismo tiempo una deformación impuesta por estos días, es que “la gente solo lee textos cortos”. La gente lee lo que le interesa, para ello comienza la lectura de un texto qué si lo atrapa, continuará leyendo. Esto ha sido así siempre, no es nada nuevo. Resulta que esta afirmación de que “la gente lee textos cortos” es solo una justificación de la debilidad en la producción de mensajes, con escasa información y nula profundización en su contenido. Si a “la gente” se le dan textos con buena información, bien redactados, atrapantes e interesantes, serán leídos en totalidad sin importar su extensión.

Otra falacia de la actualidad es que “la gente quiere toda la información, sobre todos lo temas”. Esta percepción errónea, también resulta un justificativo para bombardear continuamente a las personas con mensajes de todo tipo; la gran mayoría de ellos son rápidamente descartados. Cada vez es más común que “la gente” seleccione sus canales y fuentes informativas. Producir textos breves y de baja calidad informativa, lleva a esa otra falacia que manda a bombardear a la población con una catarata de mensajes. Por ello es común ver que un determinado portal de noticias tiene cuatro actualizaciones por día, en grupos de por lo menos cinco noticias. En suma, cada día se presentan – según esta frecuencia – un total de 20 nuevos mensajes, en la mayoría de los casos con muy pocas variaciones entre sí.  Muchos mensajes con poca calidad informativa y muy baja capacidad de captar atención entre los potenciales lectores. 

Partiendo de estas afirmaciones equivocadas, que en muchísimos casos definen el trabajo cotidiano de los medios de comunicación, en Visión Ciudadana decidimos demostrar que “la gente” no es una masa informe, sino un complejo entramado de grupos de interés; grupos dinámicos, de miembros muy atentos y en permanente transformación.

Por ello, decidimos que nuestros textos no necesariamente deberían ser cortos o breves. Por contrapartida, de ser necesario serían extensos y hasta complejos, si la temática lo imponía. De esta forma no solo iríamos contra la errónea afirmación de que “la gente no lee”, sino también contra la falacia de que “solo lee textos breves”. Así nos propusimos acalambrar a nuestros primeros lectores con temáticas pesadas y textos largos, pero de contenido atrapante.

Así también decidimos que la web estaría directamente ligada a la edición en papel de Visión Ciudadana. Esta definición determina que el portal – y sus versiones en redes sociales – solo sería actualizado en la mañana de los martes, jueves y sábados; nada más. Mientras otros portales locales cada semana lanzan 140 noticias, el portal de Visión Ciudadana, en ese mismo tiempo subiría 15 noticias. Planificamos esta estrategia comunicacional, para “ir contra la corriente”; queríamos demostrar que “la gente” lee mucho cuando el abordaje le interesa y que “la gente” no debe ser bombardeada, sino que es ella la que debe buscar la información que le interesa. La respuesta de los lectores ha sido tremenda. Contra todos los pronósticos comprobamos que cuando el contenido es serio, cargado de información veraz, con temáticas complejas pero formuladas con profesionalismo, “la gente” busca esa información de textos largos.

Para Visión Ciudadana es importante la calidad de nuestros lectores, por ello nos sentimos orgullosos de haber superado las 160.000 visitas antes de terminar el año 2019. Son 160.000 oportunidades donde se demostró que cuando la noticia es veraz y justificada, “la gente, busca lo bueno, para leer mucho”. De todos los niveles culturales, de todas las clases sociales, de todos quintiles económicos, al menos tienen, todos, una cosa en común: la inteligencia para no dejarse engañar con demagogia y corrupción; para no dejarse confundir con mil mensajes fraudulentos. Esta “gente” tiene un particular interés en analizar los elementos para formar una sólida opinión pública y así consolidar una robusta visión ciudadana.

Hoy, más que nunca, hay que tener en cuenta lo que hace mucho tiempo escribió George Orwell: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”.  Así “la verdad” nace de quien se anima a denunciarla, se fortalece con aquellos que cumplen con difundirla y explota en el rostro de los corruptos, cuando es conocida por una sociedad sana moralmente y comprometida con la justicia.  Ya hay una generación nativa del siglo 21, todas las demás, aquellos que provenimos del siglo 20, somos responsables de dejar marcado un camino donde la verdad y la ética, sean los pilares fundamentales.

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