Homicidio sin cuerpo: la fracasada “búsqueda” que nunca ha sido “investigación”

Back of young hipster man with backpack on his shoulder walking down countryside.

Por Pablo Fernández Acheriteguy

Una mujer de 30 años desaparece en medio de una situación de extrema violencia. Hay testigos. Se dispara la natural convulsión. Los medios olfatean la sangre y corren como descornados tras detalles inútiles que poco aportan. Pasa un día, pasan dos, pasa una semana, pasan dos semanas y la noticia sigue siendo la misma: “no hay noticias”. La falta de profesionalismo empieza a quedar al descubierto, lenta e inexorablemente. Todo el sistema funciona a la perfección ante la conmoción publica. Es decir, se potencia la conmoción. Todo se vuelve una gran circo de psicópatas. Todos entran al juego del psicópata que provocó este circo, buscando el regocijo de su demencial atrocidad. Los días transcurren sin aclarar y lentamente otras “noticias” empiezan a desplazar a un segundo plano lo que ayer fue prioritario. Solo van quedando estertores de las personas más cercanas a la víctima.
La policía ensaya operativos y argumentos de débil solidez. En un momento están rastrillando un zona, horas después se cruzan el departamento y van a otro lugar. No hay sentido en el “operativo”. No hay “operativo”. Los medios siguen el discurso. Hora a hora se publicaron noticias que solamente permitían cambiar el título, solo el título, nada aportaron. Pareciera que alimentar la conmoción fuera el único objetivo para tener mas “me gusta”, mas “visitas” en la noticia, aunque en ellas escriban y digan disparates. La gente, en su casas, consumiendo tanta sangre, empieza a confundir la empatía por la víctima, con resentimiento que de nada sirve. Repiten el nombre de pila de la víctima en cada noticia publicada, pero el morbo los lleva a continuas referencias al victimario. Cada detalle descubierto en el “operativo” es publicado sin razonar, sin reflexionar, sin preguntar.
Ante la inutilidad de la búsqueda el morbo se acrecienta. Es una “búsqueda” no una “investigación”. Una búsqueda mala para una investigación rudimentaria.
La policía busca apoyos con servicios de técnicos, bomberos, perros, drones y hasta videntes. Todo es válido para justificar la falta de capacidad en una presunta “investigación” que solo es una “búsqueda”. Los medios hacen de cada nuevo dato una noticia. El show debe continuar. No aportan reflexión; tampoco hacen preguntas para ayudar a pensar. El jefe de policía se disfraza con uniforme y encabeza los operativos. Una mediocre puesta en escena. Hace declaraciones más propias de un vecino conmocionado que de un profesional de la seguridad o por lo menos de un responsable en su cargo como Jefe de Policía. Este “jefe de policía” – que no es “Jefe de Policía”- no aporta nada para atenuar la conmoción publica, contener a la gente, o por lo menos para preservar la búsqueda de algo que permita definir como “investigación” lo que se viene ensayando. Lo más importante para él fue tener un cucurucho delante de su boca y quedar bien. Los medios sedientos, replican los dichos de “Willy”. Nada aportan. En una seccional con dos funcionarios al momento de desatada la violencia, ahora se suman 10 policías, 30… ya son 100.Ante el fracaso de la “búsqueda” la cantidad de efectivos comienza a descender. En esta forma de “investigación” podrían ser mil y aún así poco lograrían. La búsqueda ya no es “búsqueda” y los rastrillajes son meros paseos. En una estancia se pide que preparen siete caballos ensillados para hacer un rastrillaje más profundo; fueron en camionetas y se fueron sin recorrer; los caballos quedaron esperando en la mañana dominical… Nadie lo usó.
Los medios siguen trabajando simulando que lo importante es llegar al punto máximo del morbo, es decir que aparezca el cuerpo de la víctima. Para demostración de ese primario interés inútil, empiezan a repetirse, repasando detalles, declaraciones consternadas, haciendo un mal resumen de todo “el caso”. Hasta llegan a publicar títulos tales como “Una semana, dos preguntas, ceros respuestas”. Evidente ya cansados de repetir el nombre de la víctima, el texto de la nota culmina diciendo con cierto tenor de solemnidad “mientras tanto la búsqueda continua…” Así con los dramáticos puntos suspensivos al final. Pero lo más grave que muestra la incapacidad es que la nota que anuncia “dos preguntas”, textualmente solo contiene una sola: “¿Micaela dónde está?”. “Una semana, dos preguntas, cero respuestas”, pero la nota presenta una sola pregunta. Leí interesado la nota tratando de descubrir cual era esa segunda pregunta, pero no, no había dos preguntas, solo una y mal construida. Se me ocurrió que quizás la segunda pregunta quedaba librada a la imaginación del lector. La descubrí. La segunda pregunta era ¿ quién habrá sido el tipo que escribió esta nota?. El circo sigue.
Actualmente los medios de comunicación en San José, trabajan en cardumen, van todos juntos a todos lados, hablan con las mimas personas siempre que tengan algún tipo de autoridad o protagonismo. El error de quienes ensayan cubrir noticias policiales, es recurrir a la policía, en vez de buscar sus propias pistas. Pistas que en este caso son públicas. Cuando los familiares de la mujer desaparecida hicieron declaraciones en una movilización, reclamaron que se autorizara allanamientos a fincas y predios. Ahora dicen que hay personas que ocultan datos… Es decir, ellos tenían datos que les permitieron conjeturar para reclamar allanamientos. La prensa solo transmitió las declaraciones de esta familia naturalmente conmovida, pero nada hicieron con las señales que esas personas lanzaron. No hubo preguntas, ni siquiera en privado y fuera de los micrófonos, que después tuvieran una reflejo público.
¿Quieren preguntas que se podrían haber contestado en todos estos días transcurridos? Aquí van algunas de las tantas preguntas que han surgido y por algunas de las cuales ya se obtuvo respuesta desde el living de mi casa. ¿Quién es el homicida?, ¿A qué se dedica?, ¿cómo vive?, ¿cuál es su historia?, ¿Quiénes son sus familiares?, ¿Quiénes son sus amigos?.
Este individuo de 44 años, se ha dicho 45 públicamente, pero en realidad recién los cumplirá el primer día de junio. No tiene un trabajo estable, recientemente ganó un juicio laboral a una empresa fúnebre. Algunas versiones inician que cobró 300.000 pesos. También se supo que se ha dedicado a la faena clandestina y directamente al abigeato. Esta actividad ilegal, tendría que tenerlo en el radar de la policía. ¡Qué raro!
También que es un hombre que le gusta salir a cazar. Cazador, faenador y conocedor del ambiente fúnebre. Linda combinación de roles, en el macabro contexto que hoy lo tiene en el centro de la escena pública. Sus “amigos” dicen que tras las faenas lograba deshacerse de los restos de ganado sin dejar rastros, colocando los restos de animales en bolsas de nylon y tirándolas a cursos de agua o enterrándolas.
¿Tuvo otras parejas además de la víctima? Si. Y se recogió información de problemas al momento de rupturas o discusiones. Incluso hubo denuncias y actuaciones judiciales. Los policías que se han cruzado con él admiten que es una persona fría,cruda, extraña. En los agresivos e intensos interrogatorios iniciales, demostró una desfachatez preocupante. Tras horas y horas de largos interrogatorios, en un momento preguntó: “¿Terminaron? Porque así puedo dormir tranquilo un rato”. También se supo que al llegar a la Cárcel Central de Montevideo dijo a los guardias que a su víctima “no la iban a encontrar nunca”. Así demostró la confianza en su plan. “Plan”, lo que quiere decir que no fue un arrebato del momento, que lo planificó y los peritajes a su celular indican que tuvo siete horas desde la desaparición hasta que se fue a dormir. Hay dos horas – entre las 20 hasta las 22- que no se sabe que hizo. A las 20 fue la hora de la desaparición. Pero tuvo siete horas de libertad en la oscuridad; recién a las 03 de la madrugada se termina su marcha. En esas horas se comprobó que lavó su auto – menos la parte del conductor – y se encontró la alfombra del acompañante y el pantalón de su víctima con rastros de sangre. El pantalón apareció depositado sobre un matorral, como si fuese dejado de exprofeso. La alfombra quizá se le olvidó al lavar el auto de apuro en la oscuridad. Muy probablemente lo de la alfombra fue un descuido. Ahora la desaparición ya está físicamente atada a su auto. Allí, en el arroyo Carreta Quemada lavó el auto. Para ser tan cuidadoso en esconder a su víctima , fue muy obvio para tirar el pantalón. La policía tendría que haber salido en dirección contraria en la búsqueda de su víctima.
Los contactos de la policía con familiares y amigos fueron muy tímidos, como si no fuera relevante, para descifrar el posible derrotero de su víctima o por lo menos conocer más al victimario. Es claro, no era una investigación, era una búsqueda.
Ahora, lo que faltaba, actores políticos en plena campaña, hacen su entrada en escena. En vez de contribuir silenciosamente, se paran frente a las cámaras reclamando acciones y resultados. Poco aportan.
Mientras tanto la natural angustia de una familia en particular y una comunidad en general, sigue latiendo. Las horas, los días y las semanas transcurren sin novedades. Se habla de rastrillaje en 800 kilómetros cuadrados, cifras frías. Parece que importa más la cantidad de la búsqueda que la calidad de la investigación. Lamentablemente con el paso del tiempo, el caso de Micaela Onrubio irá quedando relegado, a menos que un golpe de suerte, permita que aparezca algún rastro sólido. Quizá sea momento de ordenar este caso, para emepzar de cero y en serio, sin circo. Volver al homicida, volver al lugar donde todo comenzó, reconstruir la detalle sus movimientos, repasar cada palmo de su trayecto; buscar las herramientas de su trabajo habitual, para peritarlas… plantearse la posibilidad de que no actuara solo, para obligar una forma distinta de investigar este caso. Si no hay un giro en esta “búsqueda” que no es investigación, muy probablemente el caso si diluya y solamente se recuerde cuando otro espanto de violencia vuelva a sacudirnos. Hasta que los medios encarnizados vuelvan a olfatear sangre, para comenzar otro circo.  

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