Huella imborrable: más de 150 años de carnaval en San José

Por Pablo Fernández Acheriteguuy

Las celebraciones del carnaval en San José tienen registros añejos que determinan claramente que hace más de un siglo y medio que en estas tierras las carnestolendas movilizaban a la población. Más de 150 años de carnaval en San José, que se deducen de un publicación de diario “El Norte” efectuada en 1867, que refiere a los festejos carnavaleros en la ciudad de San José. El historiador Daniel Ramela facilitó fotografías de aquel amarillento papel que ha viajado desde el pasado. En marzo de 1867, la mención al carnaval anterior, es el primer registro conocido, pero en realidad esa figuración no es muy feliz.  En diario “El Norte” se advierte a las autoridades de tomar las medidas necesarias para evitar desórdenes, insultos, abusos, agresiones y otros desbordes durante los festejos carnavaleros. En  esa publicación queda clarísimo que los festejos de carnaval eran habituales celebraciones, ya en 1866 formando parte de las fiestas populares. Este detalle indica que el carnaval está arraigado desde hace mucho más tiempo atrás que hace 150 años.

Ya en los finales del siglo XIX, en San José, hay registros fotográficos de conjuntos carnavalescos tan diversos que reunían entre cuatro y sesenta componentes. Las celebraciones eran masivas y muy populares, de muy diversas formas la población encontraba forma de expresar su festejo para recorrer las calles de la ciudad y repartir la desenfrenada alegría de las carnestolendas. Son más de 150 años de carnaval, que explican muchas cosas que nos distinguen de la historia reciente, por decir algo de los últimos 50 años de historia cultural. El desmedro oficial a esta celebración también tiene una larga historia que se proyecta hasta la actualidad. Mientras que el carnaval de San José – y en particular su Concurso de Murgas y Humoristas – gozan de un exaltado respeto y valoración en todo el interior uruguayo, es aquí, justamente en San José, donde se le ningunea continuamente. Lo magnífico de toda esta historia es que a pesar de la desidia oficial, o hasta el combate de algunos ambientes puritanos sociales, el carnaval se abrió paso año a año, década a década, cruzando de siglos e  inaugurando milenios.  El carnaval siempre ha estado entre nosotros, aún está ahí, agazapado esperando la venia de Dios Momo para saltar a las calles con cantos, bailes, risas y bromas. Es el imperio de la ridiculización, de la sátira y , por supuesto, de la crítica. El carnaval, fue y sigue siendo no solo una expresión cultural, sino , por sobre todo, una expresión social, que antifaz mediante esputa en la cara aquello que en ambientes “normales” no sería tolerado. Esa es la magia omnipotente del carnaval. Usted, ahí en su reino, podrá decir “me gusta” o “no me gusta” en carnaval, lo que seguramente no podrá decir con sinceridad es que “no vive el carnaval”. De alguna manera, el carnaval se mete en su vida; sea paradito en el cordón de la vereda por algún desfile, sea por la pasión por algún grupo, sea por la historia familiar o por el simple empuje vital de los niños en la familia que quieren asustarse con los modernos cabezudos. El carnaval está en nosotros, pues así se construyó, desde la raíz misma de la diversa sociedad. Con moralistas cuya participación se registraba en algún baile, o por las recorridas barriales que hacían sonar desprolijas melodías en cuanta casa se abrían las puertas. El carnaval ha estado, está y seguirá estando metido bien adentro de nuestra matriz cultural sin importar la casta social que pretendamos ostentar. A cada pueblo le llega su carnaval; a San José, le llegó hace muchísimos años y aún hoy nos sigue sacudiendo, poco o mucho, pero agitando al fin. Aunque el fútbol nos demande, aunque nos impongan la Fiesta del Mate, el carnaval explota sin remedio. Aquí comienza una nueva historia, un nuevo capítulo de la misma historia, aquí comienza “carnaval”. Aquí comienza el gobierno de Momo; aquí comienza “Momocracia”. Sean bienvenidos. 

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