Lluvias torrenciales e inundación: falta de previsión y de acción oficial en un problema que crece y se agrava

Por Pablo Fernández Acheriteguy

Las lluvias llegaron en volúmenes importantes, tal como estaba anunciado. Durante toda la semana pasada se estuvo hablando de los pronósticos que advertían de lluvias y tormentas.  También se habían activaron las alertas desde el Instituto Uruguayo de Meteorología. Las inclemencias climáticas arreciarían para sumarse al agudo malestar de las familias de zonas inundables que vienen movilizadas desde hace meses. Un clima adverso, no solo en lo meteorológico sino también en lo humano. Tristemente ni las advertencias meteorológicas, ni las quejas de los vecinos, fueron motivadoras de un mayor celo en las autoridades políticas del departamento. Llegaron las lluvias anunciadas, llegó la tormenta advertida, pero no hubo señales de sensibilización, atención o previsión. El viernes a última hora comenzaría a llover y así fue. Las familias de las zonas bajas junto al río, vieron pasar las horas del viernes mirando al cielo.  Ya para el final de la jornada del viernes y primeras horas del sábado, en su madrugada , la torrencialidad anunciaba problemas. En el amanecer del sábado no cambiaron las ´precipitaciones eran sumamente abundantes. Tal como se había pronosticado cinco días antes, lluvia y tormentas castigaron sin pausa, durante casi 24 horas entre viernes y sábado.

En los barrios junto al río, los vecinos ya se preparaban para un nuevo desborde del río y una inminente inundación. Nada se sabía de las autoridades. La estructura de la Intendencia estaba más concentrada en la Exposición de Ganado Lechero que la tormenta que se desataba. Ya desde el jueves, en el barrio de la rural, se veía a flota de la Intendencia trabajando con fuerte impulso. En los barrios castigados por las lluvias y el río recién aparecieron en la tarde del domingo. Otra vez, las noticias desde el Comité de Emergencia empezaron a surgir cuando la lluvia torrencial estaba cayendo. Las primeras medidas efectivas se conocieron a medida tarde del domingo, cuando el río ya había explotado. Los camiones para evacuados llegaron pasadas las 16 horas; antes no hubo presencia oficial, para organizar, planificar o tomar medidas paliativas o preparatorias de la inminente evacuación. Otra vez el desamparo de las familias. Otra vez la angustia de verse solas; esa sensación que en los últimos meses los hizo movilizarse para reclamar acciones tanto paliativas así como definitivas para una problemática que cada vez afecta a más familias y con mayor severidad. Fue recién bien avanzada la tarde del domingo que se conoció en que lugar serían alojados los primeros evacuados. Los galpones de la Asociación Rural estaban descartados por la Exposición; el gimnasio del Sagrada Familia están copado por las instalaciones de una nueva edición de las Colegiadas. Gimnasio San Lorenzo y gimnasio Argos eran las alternativas lógicas. Al final en la tarde del domingo se supo que sería el nuevo gimnasio del club Central el lugar de cobijo para las familias.

No hubo acciones preventivas, ni medidas preparatorias con los vecinos afectados de siempre.  Por ejemplo no hubo tareas de la intendencia para retirar los contenedores de basura o recolectar la basura acumulada en diversos puntos para minimizar el impacto insalubre sobre las viviendas. No hubo, ni relevamiento, ni planificación coordinada con las familias, ante la inminente evacuación. No existió ni siquiera una presencia oficial previa , por lo menos para contener la angustia y nerviosismo de las familias; para tranquilizar los ánimos de quienes indudablemente ya estaban siendo afectados. Una acción previa, anticipada que recorriera las zonas para saber si había situaciones de enfermedad, embarazos que requirieran atenciones especiales. No hay planificación seria sobre un universo barrial de múltiples facetas que necesariamente debe ser considerado especialmente. Pareciera que todo se limita a mandar camiones para sacar mueble, activar el servicio de alimentación durante el exilio y el posterior regreso a los hogares anegados con unas botellas de hipoclorito y detergente. Ese no puede ser el plan coordinado de los ambientes públicos que preside la Intendencia. Pero tristemente era esperable. Un estructura municipal más activa en un campaña electoral que en atender sus funciones. Un estructura municipal que en el descontrol reinante está más atenta a cuestiones particulares como “ayudar” para la Exposición Rural y las “Colegiadas”, que en reconocer las prioridades de la población más vulnerable.

En el departamento de San José tenemos dos niveles de problemas con las lluvias torrenciales; en ambos casos la Intendencia debería tener un protagonismo positivo, previsor y efectivo. Ya en estos tiempos es innegable que el cambio climático tendrá cada vez mayores impactos sobre la vida y actividad humana, por lo tanto cada acción o plan gubernamental debe tener la conciencia de prevenir males mayores. Las lluvias torrenciales son cada vez más frecuentes, pero también la actividad humana ha provocado que los campos absorban menos y escurran más, recargando importantes volúmenes de agua en corto tiempo. Además la falta de planificación y previsión en las ciudades provocan serios golpes de los desbordes de los ríos. En San José la situación es más grave porque por acción directa de la Intendencia rellenando terrenos y por su ya crónica falta de fiscalización, agudizan la problemática de cada inundación. Estas son consecuencias directas de los desbordes del río que se potencia con la desidia de la Intendencia en evitar agravar el problema. Pero hay otro ambiente que lenta y paulatinamente se viene complicando: Las obras de la intendencia en los centros urbanos y la falta de mantenimiento en esa infraestructura urbana.

Ya no se trata de un ´problema sino de dos: por un lado cada vez hay que evacuar más gente de zonas afectadas por el desborde del río, como también amplias áreas de las ciudades se ven anegadas por los problemas de escurrimiento de las aguas de lluvia dentro de la planta urbana.  Este fin de semana fue una clara prueba del impacto por in eficiencia de la Intendencia.

En diversos puntos del departamento, con un muy fuerte impacto en Ciudad del Plata y San José de Mayo, las lluvias torrenciales se complotaron con obras mal ejecutadas. El resultado fue el escurrimiento de grandes volúmenes de agua hacia puntos sin salida o de lenta evacuación. Los niveles de calles, cunetas tapiadas, cordones cunetas mal construidos, basura obstruyendo desagües pluviales, falta de limpieza, rellenos obstructivos y hasta trabajos de mantenimiento de baja calidad son factores, responsabilidad de la Intendencia, que funcionaron como un nefasto dominó que mostró zonas con caudalosas vertientes que imposibilitaron el tránsito y anegaron viviendas como nunca antes se había visto.  No es excusa válida decir que las lluvias fueron torrenciales, porque esto viene ocurriendo, cada vez con mayor frecuencia, en la última década. Es necesario que tanto la Intendencia como la Junta Departamental adopten postura seria y responsable – sin excusas – para atender esta nueva realidad de cambio climático y de ineficacia de las obras que se encaran en el departamento. Hay graves situaciones que se vienen generando por acción y omisión del propio gobierno departamental. Estamos en una realidad social del siglo 21 con un gobierno del siglo 20 que tiene un discurso político del siglo 19.  

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