Editorial

La capacidad de disfrute

Por Claudia Presno

Existe en los seres humanos una cualidad que no siempre es medible pero que nos puede cambiar la vida rotundamente: es la capacidad de disfrute.

Pocas veces se nos pregunta si estamos disfrutando verdaderamente de cada detalle de lo vivido; más bien se nos dan mensajes superfluos sobre el significado de la felicidad y cómo hay que hacer para conseguirla, como si de una posesión se tratara.

Esta capacidad se acompaña de un estilo de vida donde lo más importante es aprovechar al máximo cada minuto de nuestra existencia, siendo conscientes de que podría ser el último. Nunca vamos a vivir dos veces el mismo acontecimiento idéntico; tratemos entonces de agudizar nuestros sentidos y poner en sintonía nuestro corazón para degustarlo al máximo.

Muchas veces nuestro propio cuerpo nos pasa factura: estamos cansados, nos duelen las piernas, la espalda o la cabeza… Otras veces es la mente la que nos juega una mala pasada: sentimos que todo el tiempo tenemos que estar en acción y nos convertimos en una especie de robots humanos que han desaprendido cómo contemplar un pimpollo o ver y escuchar los pájaros del cielo.

Puede sucedernos que estemos tan inmersos en las tareas diarias que nos convenzamos de que sólo podemos disfrutar los fines de semana. Al resto de los días los podemos ver con desgano, desidia, como si nos pesaran los lunes, martes, miércoles y jueves, hasta la tarde. Ojo con eso, porque en algún momento nos podemos dar cuenta de que los días de desánimo son más que los de entusiasmo.

Cumplir con los horarios habituales puede resultarnos agotador en estos últimos meses del año. A veces no hay más remedio que adecuarnos a las tareas tal y como se nos plantearon al comienzo del año, pero también está bueno evaluar para el año que viene si vale la pena comprometernos con más actividades de las que podemos abarcar a lo largo de los 365 días del año, ya que estos tienen mucho de imprevistos y complicaciones. Quizás lo importante sea poner en la balanza cuáles son nuestras prioridades y tratar de buscar y concretar estrategias para tener una vida lo más equilibrada posible, teniendo en cuenta las sorpresas del camino.

Los últimos meses del año suelen ser tiempos de mucho estrés. Estamos tan cansados que podemos volvernos más irritables que de costumbre, lo que será una contra en nuestra convivencia diaria con el resto de la sociedad. Si somos responsables y maduros no podemos dejarlo todo para irnos a un lugar tranquilo antes de culminar con los propósitos con los que nos comprometimos. Pero sí podemos hacer pequeños “paréntesis” cada día para descansar un rato (sin dudas la energía que pudimos haber tenido al principio del año no es la misma), para celebrar algún acontecimiento especial, pasar por el corazón todo lo vivido (alegrías y tristezas) o para contemplar la belleza de la naturaleza y a las personas queridas.

¿Cuántas veces le hemos agradecido a la Vida por todo lo que tenemos? ¿Cuántas veces nos hemos felicitado por todo lo que hemos logrado? ¿Cuántas veces nos hemos permitido estar tristes por lo perdido y nos hemos dejado un tiempo libre para meditarlo? ¿Cuántas veces hemos conversado de frente sobre lo que pensamos, con respecto y reconocimiento a quienes tenemos delante, aunque opinen distinto a nosotros? ¿Cuántas veces nos hemos divertido contando anécdotas, jugando con nuestros niños o riéndonos de actitudes cotidianas, incluso de nuestros propios defectos?

Hace un tiempo un profesor que ya casi estaba por jubilarse dijo que los jóvenes queríamos conservar los momentos vividos todo el tiempo sacando fotos y videos, no dándonos cuenta de que los acontecimientos más importantes de la Vida se guardan en nuestras retinas, que son las ventanas del alma.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *