Partidos “partidos”: Colorados, blancos y FA llegan rengos a la campaña departamental hacia mayo

Pablo Fernández Acheriteguy

La clase política está en crisis, toda ella. San José es un clarísimo ejemplo de ese descontrol, de una aguda improvisación que persigue resaltar los personalismos por encima de los proyectos sectoriales o partidarios, mucho menos ideológicos.

El espectro político departamental ya está prácticamente definido en lo que respecta a candidaturas a Intendente. Solo falta oficializar la postulación de Darío Camilo por la Unidad Popular y que Cabildo Abierto defina los nombres de uno, dos o tres candidatos.

Hasta ahora los partidos que han definido candidaturas llegan todos rengos a la contienda electoral de mayo. A colorados, frenteamplistas y blancos le faltan patas importantes en su oferta de cara a las elecciones departamentales. El Partido Coloraod proclamó a Alfredo Lago y Washington Almada como sus candidatos, pero sin embargo el principal sector de los últimos años en San José, liderado por Gustavo Cersósimo, no presentó candidato. Lago ya ha tenido participación en otros períodos electorales en representación de la lista 15. Almada es un recién llegado a la política local. ¿La gente de Cersósimo buscará tener representantes en la Junta? ¿Presentará listas calcadas detrás de los dos candidatos o dará respaldo solo a uno?

En el Frente Amplio la situación no es muy diferente. Los frenteamplistas también optaron por usar parcialmente las posibilidades de candidaturas. No completaron el máximo de tres postulantes y se conformaron con tener dos nombres sobre la mesa. Como en los otros partidos, en el Frente Amplio también proclamaron dos candidatos: Pablo Urreta con participaciones anteriores en la estructura partidaria y la otra candidatura, la de María Noel Battaglino, que se visualiza como una recién llegada a la arena política electoral. Otra similitud notoria con el escenario en otros partidos es la falta de una pata fuerte dentro de su estructura. Es inocultable que el diputado saliente Walter de León es una figura que ha demostrado tener un caudal de votos propios que ahora podrían dispersarse o por lo menos buscar una reorganización. De León declinó que su nombre fuera considerado en el plenario que definió las candidaturas. En esa definición también quedó fuera el nombre de Federico Diana que tenía un fuerte respaldo y que por pocos votos no pudo entrar en la contienda. Pero el caso de De León existe la demostración de contar la menos con unos 3.000 votos propios. ¿Qué harán los votantes y dirigentes de hasta ahora diputado De León? ¿Buscarán tener representación en la Junta lanzando lista de ediles? Tendrán listas calcadas para respaldar a los dos candidatos a intendente o se inclinarán por dar el respaldo a uno de ellos?.

El Partido Nacional quizá sea el más emblemático, no solo por la histórica fortaleza que ha mostrado, sino también por ser el titular del gobierno departamental y ejemplo del descontrol en su reorganización de cara a las elecciones de mayo. También, al  igual que colorados y frenteamplistas, solo tendrán dos candidatos a la Intendencia, dejando fuera a uno de los candidatos naturales al sillón comunal.  Ana Bentaberri correrá en ancas del “caballo del comisario” tras ocupar nada más y nada menos que el cargo número dos en la administración  de José Luis Falero. El otro candidato, Cesar Zunino, un recién aterrizado en la arena electoral de San José. Pero también fracasó entre blancos, la presencia de una tercera pata, en este caso la vertiente política de más clara oposición al falerismo y representante de una candidatura tan natural como lógica. Carlos Daniel Camy, referente de Alianza Nacional, no será candidato.

En idéntico escenario que entre colorados y frenteamplistas, hay preguntas sin responder aún: ¿Alianza no buscará tener ediles en el próximo período? ¿Lanzarán listas calcadas en respaldo a los dos postulantes o se inclinarán solo por apoyar uno de ellos?.

Esta contundente similitud en el escenario interno de estos partidos, también provoca consecuencias y desafíos similares al momento de planificar sus respectivas campañas. Los tres partidos están groseramente obligados a ordenar sus filas, a evitar un salvaje canibalismo que en un amplio abanico de opciones electorales, lejos de atraer la atención de votantes, podría causar una fuga de votos hacia ofertas menos contradictorias hacia sus intestinos. Con pequeños matices o enromes diferencias, los tres partidos están obligados a unificar algunas líneas de campaña que no los debiliten más de lo que ya están.

La negativa de Juan Chiruchi a candidatearse provocó un grado de satisfacción inocultable en el espectro político, pero esa “felicidad” duró poco, pues la ausencia del emblemático ex intendente, demandará una mayor responsabilidad en el armado de cada una de las estrategias electorales de los distintos partidos. Sin Chiruchi en escena mejoran considerablemente las posibilidades de los restantes partidos. Chiruchi ya no será excusa de las derrotas o fracasos.  Todo indica que la puja entre candidatos a la Intendencia estará determinada en el carácter que muestre cada uno, en el talante de esa persona que se ofrece para gobernar el departamento, pero principalmente en la fuerza de disciplinar sus propias internas. Será el carácter de los candidatos lo que definirá la elección. Pero este escenario inédito de descontrol y desinteligencia, también permitirá que un segundo plano cobre verdadera relevancia: La batalla por los ediles. Tras un desastroso período de la Junta por la falta de debate, la falta de propuestas, la inexistencia de control eficaz etc etc, se impone un drástico cambio. Ya no se tolerará que los ediles sean esos dirigentes que se prenden detrás de un candidato a Intendente y que lleguen a la Junta sin propuestas propias, sin seriedad, sin conocimiento cabal del rol que deben cumplir. Las fracturas en cada partido, las carencias y fallas en la estructura electoral configurada, obligarán a que los candidatos a ediles deban mostrar sus aptitudes y convicciones para ser elegidos.  La población en general y los medios de comunicación en particular deberán ser más exigentes, muy exigentes, con aquellos que quieran respaldar un candidato a Intendente con ganas de llegar a ocupar una banca en la devaluada Junta Departamental. La fortaleza de los ediles determinará el grado de eficiencia que pueda mostrar un Intendente en su gestión

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