Rascándose entre chanchos: clase política ensaya discursos y estrategias hacia el balotaje del 24N

Por Pablo Fernández Acheriteguy

En 23 día el país deberá resolver una dicotomía política de fuerte trascendencia; sea cual sea el resultado, al día siguiente habrá un nuevo Uruguay. Es el choque de dos opciones, que algunos califican de “modelos”, pero la realidad muestra que ambos gobiernos propuestos son fruto de matices que se exacerban en tiempos electorales. Hay absoluta coincidencia en las áreas temáticas prioritarias para ser atendidas. Indiscutiblemente la “Educación” y la “Seguridad”, son los grandes titulares que maneja la clase política. En un segundo nivel aparecen temas tales “trabajo”, “economía y finanzas” donde también hay marcadas coincidencias en la necesidad de ajustar. Más atrás en la agenda general de los partidos saltan temas como “Derechos Humanos” y “Medio Ambiente”. Curiosamente hay temáticas que reciben atención esporádica  en algunos ámbitos partidarios pero que no logran unanimidad como los anteriores. Justamente son temas que golpean directamente a la clase política y que son continuamente mencionados entre la población en general. En esos temas es evidente que los diferentes partidos políticos y la “clase política” prefiere no profundizar. No hay menciones de coincidencias, o ni siquiera hay menciones generales a temas como la “corrupción”o el “costo del Estado”.

Pareciere que la “clase política” no quiere buscar acuerdos para avanzar en temáticas de control ético del accionar político o de la forma en que el ambiente político usa y abusa de los dineros públicos.  Todos están salpicados, y por ello no existe un compromiso serio de atacar estos dos ambientes. Podrán decir que hay que atender  esas temáticas, pero acciones concretas no se toman, ni siquiera se proponen bajo el peso de la unanimidad , como debería ser.

Habría que mirar con lupa las propuestas aisladas que aparecen respecto a la corrupción o al pornográfico  peso del Estado, para descubrir que miembros de la clase política podría arrojar la piedra. Esa renguera moral que sufre la clase política uruguaya, es lo que ha provocado el creciente descreimiento que ahora es inocultable y se refleja no solo en el porrazo generalizado de los partidos y sus caudales de votos, sino también en el surgimiento o fortalecimiento de propuestas marginales, radicales. Todo indica que la población ya no cree en los cantos de sirenas o en las promesas electorales. La población quiere resultados y para ello termina votando no “al mejor”, sino “al menos malo”. En resumen se puede inferir que un alto porcentaje de la población vota por descarte, y no por convencimiento de bondades, o por confianza en los dirigentes.

Para colmo de males, el bajo nivel general de la clase política, queda desenmascarada cuando unos y otros apelan al miedo vociferando que unos cortarán derechos y otros nos llevan tiempos de caos. Quizá la propia población ha confundido su rol en una democracia. No se trata solamente de votar un par de veces cada cinco años y después lavarse las manos, sino en monitorear constantemente el desempeño de sus representantes. Quizá sea también porque la clase política, se hace la distraída  y se olvida de la gente, una vez que llega a acomodarse, donde sea, en un nuevo período.  

El equilibrio que debería existir en una democracia se centra muchísimo más lejos que el simple acto de votar. Votar es la carnada obligatoria que sigilosamente nos lanza la clase política. La democracia está en el día a día, de cada año; la democracia está en establecer mecanismos de control ciudadano y censura institucional cuando se denuncien, investiguen y comprueben eventuales desvíos de actores políticos o de gobierno.

Por ejemplo, sería buenísima señal de la clase política que se diesen potestades para sancionar a la Auditoría General de la Nación, el Tribunal de Cuentas y las Junta de Ética Pública (Jutep). Se debe permitir que esas instituciones de control pudieran tomar medidas cuando se detectan desvíos de actores público por sus acciones o gestiones; que la sanciones pudieran alcanzar apremios de corte político, institucional, y hasta en la esfera judicial ya sea civil o penal. Si se alcanzara ese nivel, la clase política demostraría que está dispuesta a recibir un estricto control sobre sus actos, sin importar que caiga en desgracia un “correligionario”.

Tristemente  ha sido común en los últimos tiempos que la clase política, al tener un correligionario cuestionado, se excusa en la necesidad que se expida la Justicia, para desprenderse de esos dirigente fallidos, aun cuando ya hay  sentencias éticas sobre su corrupto desempeño. La clase política dice “no hay delito” a pesar de existir sobrados elementos que dejan la moral del cuestionado a la altura de un felpudo. En San José se ha conocido algún caso, que al final tuvo la protección no solo de su propio sector político, sino que además fue cobijado en la estructura del gobierno departamental, con un lindo sueldo que pagamos todos. Ese es un caso donde la culpa no solamente “es del chancho”, sino también “del chancho que le rasca el lomo”.

Al final “en todos lados se cuecen habas”, en todos los partidos hay gestos criticables en lo que refiere a la honestidad y rectitud de sus dirigentes. En estos días de electoralidad a flor de piel el Frente Amplio busca estrategias para retener el gobierno, mientras tanto el Partido Nacional espera firmar acuerdos con  otros ambientes políticos, para prometer gobernabilidad en el desarrollo de  un nuevo período. En las últimas se conocieron los reclamos de diferentes partidos que fueron invitados a unirse para buscar un nuevo gobierno, pero también trascendió el documento que suscribirían entre ellos.

El Partido Nacional procura consolidar un bloque multipartidario para encabezar la presidencia de Lacalle Pou. En ese bloque están los líderes del Partido Colorado, Partido Cabildo Abierto, Partido Independiente y Partido de la Gente.

Los colorados marcan tres líneas de base: “Derechos humanos, educación y medio ambiente”. Cabildo Abierto por su parte propuso combatir la corrupción, atender la inseguridad  y mejorar las condiciones de trabajo y producción. Desde l Partido Independiente se marcaron tres ejes con varios puntos, entre los que se reclama sobre la Educación, reducir cargos de confianza, potenciar ámbitos de control,  así como avanzar en temas de medio ambiente y derechos humano. El Partido de la Gente presentó dos temas: Seguridad y empleo.

En las últimas horas se filtró el documento borrador que contaría con el acuerdo de estos cinco partidos. El acuerdo tendría una docena de líneas generales que “seguridad, educación, trabajo, políticas sociales, economía y relaciones exteriores, entre otros”, según informaron medios montevideanos en la tarde de ayer.

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