Redes sociales en “asamblea virtual permanente” son el “cuco” de toda la clase política

Por Pablo Fernández Acheriteguy

Se aproximan las Elecciones Internas, que se realizarán el domingo 30 de junio. Este será el puntapié inicial de un proceso que determinará toda la estructura del próximo gobierno hasta el 2025. Sin importar quién gane, qué ideas prevalezcan, qué actores se consoliden y cuáles sean relegados, es seguro afirmar que el país está entrando en un terreno novedoso e inédito, por varios factores. Nunca antes el país había enfrentado un contexto tan complejo en el terreno político. En el escenario de competencia política hizo incursión un ambiente que nunca antes había participado a gran escala: Las redes sociales, principalmente  “twitter”, “facebook” y “wathsapp”. Con grandes diferencias y más disímiles resultados, los diversos actores políticos, ensayan estrategias multifacéticas para jugar en todas las canchas. Los comité han dejado de ser el eslabón fundamental de la estructura electoral. Los tradicionales “actos políticos” cada vez se reducen más, en cantidad y calidad. Las recorridas por barrios y pueblos, representan ya no una mecánica natural, sino que obligan a importantes esfuerzos. Las estructuras partidarias y sectoriales, sufren de la ausencia de militancia, la escasa movilidad de sus adherentes. Anteriormente las campañas electorales eran en un solo sentido, en lo que refiere a imponer discursos y relatos. Ahora el feedback es instantáneo. Antes los candidatos de todos los niveles (a presidente, senadores, diputados, Intendentes, ediles) lanzaban sus mensajes desde estrados, en reuniones de comité y hasta en los medios. En esos escenarios, era habitual que el dirigente lanzará sus ideas y opiniones, sin que su público tuviera una oportunidad real de confrontar o contraproponer. La máxima expresión de no estar de acuerdo con algún aspecto, era el silencio, no aplaudir y dejar de participar. Eso cambió radicalmente.  Ahora hasta el más mínimo gesto puede tener muy fuerte repercusión en las redes sociales. Todo el mundo, hasta los más reacios a participar, se animan a poner una carita de tristeza o enojo, otros optan directamente por comentarios críticos, opiniones cáusticas y hasta insultos directos.

Cada dicho o gesto político es escudriñado en una suerte de “asamblea virtual permanente”. Allí opinan todos, desde un adolescente ajeno a la vida política, hasta un veterano dirigente, así como operadores en favor y en contra de cada propuesta. Son cientos, son miles, son cientos de miles, en asamblea. Es en estos escenarios virtuales donde la gente ya comenzó a votar,  a expedirse sobre los candidatos de su preferencia, a opinar sobre los candidatos alejados de su visión. Un debate tan amplio y variado que resulta incontrolable para los actores políticos, para los sectores y para los partidos políticos.

Los candidatos parecen tener el don de la ubicuidad, aunque ala ctivarse las redes sociales, ese “don” pasa a ser un “castigo”, pues los dichos de un dirigente en Bella Unión, puede recibir criticas duras e inmediatas desde la casa de un pequeño granjero  en las afueras de Cerrillos. Un gesto y dicho en un rincón perdido del país, al ser captada por un celular, termina siendo noticia nacional en pocos minutos. Tanto puede ser un espaldarazo masivo, como el final de la carrera política de un dirigente. Ahora todos los candidatos están permanentemente bajo una cruel lupa que nada perdona.

Los partidos políticos están sufriendo una tremenda sacudida que no saben como domar. Esta altísima exposición lleva a que los mensajes de candidatos sean cada vez más simples, más básicos, evitando detalles que desaten cuestionamientos. Esta situación reduce el debate político a un diálogo de niños de jardinera. Las “grandes propuestas” se reducen a simples titulares. La exposición total de los candidatos a una sociedad cada vez más descreída  del accionar político, ha generado prácticas poco saludables entre los propios dirigentes. La necesidad de evitar críticas y ser contundente, provocó un incremento en la agresividad y se potenció la demagogia. Se trata de un círculo vicioso, pues esas actitudes revitalizan la intolerancia de la ciudadanía con nuevos mensajes insultantes y comentarios descalificatorios. Un elemento más para este espiral descendente en su calidad, que hunde el debate entre políticos al nivel de cloaca o felpudo.  Pocas propuestas, pocas ideas contundentes, mucho discursillo de barricada y criticas continuas.

Hay no solo falta de un nivel adecuado para candidatearse ( en todos los niveles políticos) sino que también hay una falta de capacidad que asusta. Para colmo de males, se creen que la solución a todos los males está en mostrarse, publicitarse y promocionarse en las redes sociales. Dejan de lado el contacto directo con los ciudadanos, o hacen fugaces recorridas; pareciera que esquivan el trato directo con la gente. En muchos casos  esos “contactos directos” son meras campañas publicitarias en las redes que muestran fotos y fragmentos de videos, con poco dato sobre las convocatorias logradas.

La redes sociales son un tremendo accesorio a las campañas, pero no son las campañas en si. La redes sociales tienen una fría distancia que no cautivo votantes, sin embargo la calidez de la cercanía si fideliza gente. Los candidatos que apuestan con fuerza a las redes pero sin sustento en el cara a cara, no logran despegar o decaen en sus adhesiones; también hay ejemplos de políticos que recurren al contacto directo con los ciudadanos y vienen captando seguidores reales. Un ejemplo de adaptabilidad a estas nuevas realidades es el ex presidente Julio María Sanguinetti, que tanto maneja las redes sociales hasta para hacer anuncios masivos ( como lo fue el lanzamiento de su candidatura) como visita pequeños parajes del interior en reuniones con un puñado de personas. Sanguinetti ya había mostrado un inteligente uso de los recursos disponibles en los años 80, cuando sus discursos presidenciales pasaron a ser transmitidos con juegos de tres cámaras, rompiendo la vieja tradición dura y protocolar de un escritorio y una imagen fija y solemne. Talvi, también muestra una buena utilización sistematizada de los recursos. Talvi vienen desde hace varios meses cumpliendo con un intensa agenda de reuniones y actos, que en las últimas semanas comenzó intensificar su presencia en redes.  El caso de Sartori, que tanto molesta a muchos dentro del Partido Nacional, es otro ejemplo de buen uso de todos los recursos, desde los audiovisuales en medios tradicionales, hasta las redes sociales y ni que hablar las recorridas y visitas cara a cara con los potenciales votantes. En el Frente Amplio, las campañas siempre han estado más estructuradas y planificadas. Con cuatro candidatos, cada uno tiene una impronta diferente en sus campañas personales, pero tienen un plus que no ha desarrollado ningún otro partido: es común ver actos en conjunto de los cuatro candidatos. Eso también es una fuerte señal a la población.

Política y corrupción

Ya a esta altura de la historia, los principales partidos políticos deben enfrentar manchas por corrupción en sus filas. Esta realidad, lejos de provocar un sacudón moralizador entre los políticos, ha llevado al peor de los escenarios. Es triste descubrir discursos flácidos que naturalizan la corrupción. La principal excusa es “vamos a esperar que la justicia se expida”, cuando en realidad no se trata de judicializar las decisiones de un partido en sostener y mantener elementos a todas luces corruptos. El mayor capital de los dirigentes políticos  es , fue y será, su credibilidad. La credibilidad, así como la honestidad, no requiere de la evaluación judicial, solo requiere de la imagen que se proyecte y de la percepción de la población. Hay muchísimos ejemplos donde la justicia no encuentra méritos suficientes para sancionar un delito y la población  los seguí reconociendo como corruptos. La justicia no vota, la población si. Podría Judas tener un excelentísimo equipo de abogados que logren archivar su caso, pero la gente lo seguiría viendo como un traidor.

Podrá la justicia argentina ser lenta y débil, hasta absolver a CFK, pero no logran sacarse el mote de “ladrones del primero al último” como una vez dijo el presidente Batlle. Podrá el bolivariano Maduro, decir que hay complots internacionales para sacarlo del poder, pero el grueso de la población ven como sus tanquetas atropellan a manifestantes. La Justicia no lo juzga, no lo condena, pero todo le mundo lo reconoce culpable de la debacle.

En Uruguay, la clase política se olvidó que judicializar el accionar de sus dirigentes nada tiene que ver con el sentir de la población, esperando que partidariamente aíslen a los responsables de irregularidades serias. La clase política prefiere relativizar sus propias corrupciones internas, excusándose en la justicia. Esas posturas obsecuentes y contemplativas de la corruptos , solo logran un perverso efecto de naturalizar la corrupción y lógicamente genera un mayor descreimiento en todos ellos.

En este proceso electoral que está naciendo hay un tema que será determinante: la corrupción. Mientras que los partidos prefieran concentrarse en hablar de lo que se hizo o no se hizo en salud, educación, seguridad, trabajo etc. , en vez de atender al ciudadano común que ve millonarios manejos de dinero público, al tiempo que en su hogar bicicletea el recibo de la UTE y de OSE… mientras exista ese divorcio entre los clase política y la sociedad, no habrá encuestas certeras ni resultados asegurados.

La propia clase política ha fundado ambientes  estatales de contralor que revisten suma importancia, pero no tienen poder de sancionar. Eso ocurre con el Tribunal de Cuentas o con la Junta de Transparencia y Ética Pública. Estos ambientes de muy escasos recursos, pueden analizar y evaluar técnicamente las gestiones, pero no tienen ningún poder de sancionar. La clase política usa sus resoluciones a antojo; si me sirve lo vocifero públicamente, pero si no me conviene me hago el distraído y que siga el baile.

Es el descreimiento masivo de la clase política y su infantilismo, lo que ha provocado la generación de una multiplicidad de ofertas partidarias. Uruguay, en este 2019 presenta nueve partidos políticos, con una diversidad extraordinaria. Lo que nunca antes en la historia había pasado es que todos ellos tienen firmes posibilidades de tener representación parlamentaria en el próximo período de gobierno. Es un seguro que entre el 2020 y el 2025, quien gobierne no tendrá mayoría parlamentaria, lo que garantiza una “gobernabilidad democrática” que obligará a coordinar cada acto gubernamental. Esta fragmentación política del país, es consecuencia directa del desplome en la credibilidad sobre los dirigentes, pero sin dudas tendrá el efecto positivísimo de buscar el equilibrio para alcanzar acuerdos de desarrollo. Esto desemboca que en le próximo período el fuerte presidencialismo que históricamente ha tenido Uruguay, lleve la gobernabilidad la territorio de senadores y diputados, de ediles y concejales. Se vuelve a un estado de mayor parlamentarismo, con  mayor pluralidad. En este escenario actual y en eventual escenario futuro, la gente, los ciudadanos, a través de las redes sociales seguirán en “asamblea virtual permanente”, como debe ser. Será un proceso electoral histórico, sin dudas. 

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