Hace unos días conversaba con una de mis hermanas sobre el próximo cumpleaños de mi abuela número 90 y yo le preguntaba qué podía regalarle a esa altura de la vida. Ella me contestó: “Regálale momentos” y esa frase quedó resonando en mi mente y mi corazón.Porque las experiencias compartidas son las que nos dejan huella; los gestos amorosos resultan imborrables y el tiempo que vivamos juntos es lo que importa.

Cuán difícil es reunir la teoría con los hechos cuando vivimos en un mundo tan revolucionado y sin tiempo… pero… sin tiempo ¿para qué? Nunca perdamos la capacidad de amar sin medida a quienes nos rodean y de valorar los pequeños pero grandes momentos de nuestra existencia.

Recuerdo que la Dra. Natalia Trenchi, reconocida psiquiatra de niños y adolescentes, nos preguntaba en una conferencia que realizó hace unos años en San José: ¿Quién le está haciendo el cuento de la vida a nuestros hijos?, con la idea de que reflexionemos sobre su crianza y la importancia de transmitirles nuestra forma de ver la vida y las lecciones que hemos aprendido con los años… sin imponer, pero tomándonos el tiempo necesario para conversar con ellos, escucharlos, contarles anécdotas, reírnos juntos y también darles nuestra opinión sobre los temas que están en boga en la sociedad, más allá de que puedan ser “contra-corriente”.

Otro de los temas que a mí en particular me resulta fundamental en la crianza de los niños y a su vez muy desafiante (puede llegar a ser agotador) son los límites. Todo el tiempo estamos educando y es primordial que quienes tenemos a cargo la crianza de un niño nos pongamos de acuerdo en las medidas a tomar cuando las reglas preestablecidas no se cumplen. Eso es marcar los límites. Por ejemplo, le decimos a un niño de 10 años: “Si estudiás inglés en la mañana podés salir con tus amigos a jugar un rato después de la escuela. Si no lo haces primero llegarás del colegio a practicar inglés para el examen y después podrás jugar con los amigos”. Con eso estamos “marcando la cancha” y enseñándole a nuestro hijo que tiene que ser responsable; de lo contrario habrá consecuencias. No pretendamos que al decirle esto  nuestro hijo nos demuestre una alegría desbordante y nos agradezca que lo estemos educando. Seguramente se enoje, nos diga que con nosotros “siempre es lo mismo” y nos pida de mil maneras que cambiemos de opinión. Podría irse a la cama a llorar o dar un portazo para expresar su enojo. Si nosotros cedemos enseguida aprenderá a conocer nuestro “talón de Aquiles” y nos tendrá entre manos siempre. Pero si nos mantenemos firmes en la decisión que tomamos se dará cuenta que con nosotros no se juega y que para la próxima tendrá que estudiar en la mañana para poder divertirse con los amigos en la tarde. No son acciones fáciles de tomar y si el niño nos sorprende cansados o agobiados por el estrés se aferra a eso y busca  estrategias para que decaigamos en nuestro intento de ponerle límites… A no rendirse, padres, que tenemos la hermosa responsabilidad de criar niños que tengan la capacidad de sobrellevar las frustraciones y seguir adelante.

La tarea de ser padres, pero también la de ser hijos, sobrinos, abuelos, amigos, compañeros, vecinos…requiere nuestro TIEMPO. El secreto está, en mi humilde opinión, en saber darle prioridad a lo que consideramos más importante y elegir qué camino seguir, sabiendo que lo que dejamos de lado por nuestros sueños valdrá la pena, porque serán muchos más sus frutos. 

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