Se viene la Veda Electoral: Es la Clase Política y no la ciudadanía la que debe llamarse a “reflexión”

Por Pablo Fernández Acheriteguy

Falta apenas una semana para las elecciones de balotaje. Todo indica que Lacalle Pou será el nuevo presidente a partir de marzo 2020, salvo que algún evento provoque un vuelco en la preferencia del electorado. Todo es posible, pero la coalición multipartidaria o “multicolor” como se ha bautizado, tiene las mayores chances de imponerse al Frente Amplio. Lo que hay que tener en claro que gane quien gane el domingo 24 de noviembre para acceder a la Presidencia, el gobierno será integrado indefectiblemente por toda la Clase Política. Todos los partidos estarán en el gobierno del país, ya sea en su rol de oficialismo o en su rol de oposición. Será en la interrelación y el equilibrio de oposiciones donde florecerán las acciones de gobierno que permiten, en el mejor de los casos, el desarrollo de una sociedad dando impulso a un país, gane quien gane la presidencia.

Será una semana de muchísima tensión político-electoral, donde posiblemente surjan varios episodios que solo lograrán arrojar confusión sobre el electorado. Sin dudas, será una semana de batalla mediática, con anuncios reveladores y declaraciones explosivas, que derivarán en duros cruces proselitistas. Muy extrañamente sea una semana de civilizada convivencia democrática y tolerante. “Es lo que hay valor!!” como diría un conocidísimo relator de fútbol montevideano. La clase política entera estará hiperactiva en su lucha por el poder; unos para alcanzarlo y otros para retenerlo. La Clase Política confrontará por el poder. Lo curioso es que ese “poder” que procuran unos y otros, por estos días, no lo tienen. Al Frente Amplio se le escapa el “poder” entre los dedos y la coalición que encabeza el Partido Nacional, lo rasguña soñando con conquistarlo. Son día donde ese “poder” tiene su refugio en la sociedad y por eso la Clase Política se desespera por conquistar adhesiones de cada dueño  del voto.

Es mentira que el viernes 22 cuando se active la Veda Electoral, comenzará el momento de reflexión. Ese es el viejo discurso de la Clase Política, para evitar tres días de locura y muy probable descontrol. En realidad para la población la Veda Electoral es el momento de disfrutar del silencio de la Clase Política, de descansar de toda la demagogia febril de unos y otros bandos.  El tiempo de reflexión para la pobalción es el día a día, viviendo o sufriendo cada acto de gobierno.

Nadie, pero nadie en su sano juicio, aprovecha la Veda Electoral para encerrarse en una habitación, meditar  y definir su voto. La soberbia Clase Política uruguaya, que se jacta de la “cultura cívica” y de la “madurez democrática” de la sociedad, juega al ajedrez durante cinco años, se pinta la cara en los meses de campaña electoral y cruza los dedos en cada día de Veda. Después, como buenos “zapallos”, el ciclo comienza de nuevo, a medida que “se acomodan en el carro” que transitará por cinco años.

Hay muchas demostraciones concretas de que la población ya no cree en la Clase Política, por eso se terminaron las épocas de votantes cautivos de los partidos. Por suerte para la democracia la población aprendió a moverse libremente para votar lo que se le antoja sin importar las banderas partidarias. En los últimos 30 años la población le ha venido gritando a la Clase Política que ya no son los dueños de la voluntad. La ciudadanía, con su voto, ha puesto y ha sacado del Poder Ejecutivo a los tres principales ´partidos políticos de la historia uruguaya. Lo más curioso de todo es que la propia Clase Política se niega a reconocer que el mayor hartazgo de los ciudadanos no pasa por tal o cual opción política en particular, sino con todos los partidos en general. A tal punto es así que la propia Clase Política niega su existencia cuando se les señalan  sus eternos privilegios y beneficios, que los diferencian groseramente del resto de la población.  Haga el ejercicio de preguntarle  a un político de cualquier partido si existe la “Clase Política”. Seguramente lo verá colocarse una careta para decirle “No”. Sin embargo,  pregúntese qué actividad conoce en Uruguay que reúna en un mismo ambiente salarios elevados, comodidades exorbitantes, protecciones judiciales y mínimas exigencias laborales. Solo hay un ambiente: el político. Cada “Clase”está definida por los privilegios y beneficios que logra. La “Clase Política” vaya si los tiene. Desde los “Fueros” que le aíslan de la Justicia hasta los salarios y condiciones “laborales” que gozan, son parte de ese Club de Privilegiados que integran los miembros de la Clase Política.   Todos hablan del “déficit” y del “costo del estado” proponiendo reducirlo, gritan propuestas que nunca apuntan a los gastos que provocan los propios actores políticos. ¿Ejemplos? Desde los “sueldos encubiertos” de los ediles del todo el país, que inventan mecanismo corruptos para sacarle plata al Estado, los cargos a dedo en todas las Intendencias, hasta llegar a ministros o diputados que cobran más del 3000% (si, tres mil por ciento) del salario mínimo que cobra un trabajador. Si bien el dinero es importante, la vergüenza se acrecienta al mirar el contexto. Buenísimos salarios a políticos, que no andan metidos en zanjas o al rayo del sol. Ellos caminan entre gruesas alfombras, para sentarse en muy cómodos sillones en ambientes con aires acondicionados, donde con solo levantar un dedo aparece un funcionario a traerle agua con gas fresquita. Además, tienen choferes y hasta la posibilidad de contratar familiares o pasear por el mundo con pasaporte diplomático. La Clase Política uruguaya, es privilegiadamente pornográfica… pero de eso no quieren hablar en una campaña electoral y mucho menos plasmarlo con seriedad en sus “bases programáticas”, “programas de gobierno”, “compromisos por el país” o “leyes de urgencia”. La Clase Política goza y sufre al mismo tiempo; gozan de impunidad y sufren de corrupción. Son adictos al “poder”, a todos les alcanza con poder seguir incrustados o poder  incrustarse en la Clase Política.

Por suerte los cambios sociales en el mundo entero, han provocado que cada ciudadano vaya cobrando mayor conciencia del verdadero poder; ese poder que no es ejercer el voto en un día, sino en construir el voto durante cinco años. En la urna, un domingo, entregamos el poder para santificar políticos, pero lo recuperamos una vez que “se acomodan en el carro”. El “poder” está en ejercitar el control diario y exigir diariamente a cada actor ´político  que concrete lo que prometió, ya sea aplicar las mejoras u oponerse a los desvíos.

La democracia sigue siendo el mejor sistema conocido, pero eso no debe ocultar que su principal problema es la demagogia. No existe un Rey demagogo, no existe un Dictador Demagogo, solo son simples mentirosos que mienten para perpetuarse en el poder. En democracia la mentira se llama “demagogia” pero sigue siendo una mentira. En democracia la Clase Política, también  busca “perpetuarse” en el poder pero la disfrazan con “alternancia”. La democracia se perfeccionará cuando la clase política deje de ser una casta privilegiada, mentirosa y adicta al poder. El domingo 24 si quiere ir a votar, vote lo que quiera, ya sea las papeletas, en blanco o anulado… también la normativa le otorga la opción de no votar y pagar la multa. En definitiva el verdadero poder lo tiene cada ciudadano y con esa potestad uno hace lo que quiere. 

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